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Conversando con Javier Olivares

Conversando con Javier Olivares

Caricatura de Javier Olivares por Misa Shine

Caricatura de Javier Olivares por Misa Shine

Gráfica en prensa, ilustración infantil, ilustración adulta, reinventa como nadie los clásicos, es la sombra detrás del mito Pertierra… Javier Olivares es difícil de encasillar pero si hay un género que le representa es el de dibujante de historieta, donde ha conseguido ser un referente nacional por su gran estilo personal y el dominio de la estructura del cómic más allá de lo estético.

Hace apenas dos semanas se clausuraba una exposición que abarcaba parte de su trabajo en la Galería Carolina Rojo de Zaragoza y en febrero tendremos la ocasión de verle en la Fundación Telefónica de Madrid.

¿Qué más? Pues que su última novela gráfica, Las Meninas, realizada junto a Santiago García, ha recibido gran reconocimiento y varios premios, entre ellos el premio nacional y ya va por la tercera edición. Una novela que rompe nuestra idea de mito y juega con el humor para hablarnos de una de la obras más valoradas en la historia del arte. 

 

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Las Medinas, Astiberri. Javier Olivares y Santiago García

¿Cómo surgieron Las Meninas? ¿Empezó como un proyecto personal con Santiago?
La idea original fue de Santiago. Él y yo ya teníamos un pasado de colaboración, hace 5 o 6 años empezamos un Beowulf, que no acabé yo sino David Rubín, y lo que pasa es que luego empezamos a hacer historietas de dos o cuatro páginas sobre arte con la idea de hacer un libro con ellas en el futuro. A raíz de esas historietas, sobre todo una que era de Picasso, Santiago comenzó a pensar en hacer algo más “ambicioso” y un día se le ocurrió presentar este libro a un concurso que sacaba SinsEntido-Fnac, luego no lo presentamos porque una vez en el proyecto nos dimos cuenta que necesitaba más recorrido, teníamos poco tiempo para hacerlo y nos gustaba mucho lo que llevábamos hecho así que luego estuvimos como 6 años dándole vueltas hasta que hace un par de años ya tenía guión y nos pusimos a hacerlo. Para mí ha sido un proyecto maravilloso.

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Sí, se nota la sincronicidad con Santiago

Si, nos entendemos perfectamente. Yo siempre cuando encuentro una persona con la que trabajo bien procuro quedarme con él. Trabajar bien a nivel personal es importantísimo, y como no se da mucho cuando ocurre yo procuro repetir.

A parte Santiago y yo ya teníamos una amistad personal desde hace muchos años y nos complementamos bien. A mí me gusta mucho hacer historieta pero sobre todo me gusta bucear en el medio, ver las posibilidades que el medio me ofrece. Como hace muchos años que trabajo para ilustración hace tiempo que tengo cubierta esa parte del ego en la que necesitas espacio para expresarte. Sin embargo en la historieta me gusta trabajar más el medio, pongo lo gráfico al servicio de la historia. Y Santiago tiene la misma idea, a él le gusta mucho explorar el medio y “retarme” y yo entro al trapo enseguida. Gráficamente tengo un interés pero intento no poner lo gráfico por encima de lo narrativo. Eso se ve mucho en Las Meninas.

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Precisamente en Las Meninas me fascina cómo cambiáis de lenguaje para saltar en el tiempo o hacer unas cortinillas narrativas y utilizar el humor

Sí. Una de las cosas que más me gustó del guión fue el humor, a parte que era muy inteligente y muy agradable de leer.

Me he dado cuenta que el humor es una herramienta muy valiosa. Lo uso primero porque me gusta, pero luego me he dado cuenta que el humor te relaja y eres más permeable a las ideas que quieres transmitir.

En general usar el humor es muy útil en ese sentido y en el libro está muy bien usado. Santiago pasa de un registro humorístico a uno serio muy rápidamente. Igual te estás riendo de algo y sin darte cuenta ya estás inmerso en un tema más oscuro.

El humor te obliga a ver lo que estás leyendo.

De hecho cuando leí Las Meninas hubo algo que me tocó profundamente y que adquiere ese tono serio: la búsqueda de la obra que le dignifique y le de un lugar entre la nobleza

El libro tiene muchos temas pero ese tema en cuestión a los artistas nos toca mucho  porque nosotros siempre estamos buscando eso… aunque en aquella época esa búsqueda va también unida a la miseria que existía, pero más allá Velazquez quería establecerse socialmente en otra categoría que la de “pintor”.

Y no deja de ser una lucha que como dibujante de cómic, como ilustrador también pero no tanto, he luchado y he peleado. Porque los dibujantes de cómic hemos estado en un status más bajo que el de ilustradores, nadie tomaba en serio el medio.

Lo efímero de este mundo editorial que hace que los libros se descataloguen, no estén en novedades, se destruyan cuando ya no se venden…te hace pensar: “cuando me muera igual ya no queda nada, quién va a ver mi trabajo… “. Y tienes esa inquietud por hacer algo que quede para otros…

Cuando has comentado eso mismo de que el cómic no ha conseguido ser tomado en serio ¿dirías que aún no hemos visto Las Meninas del cómic o crees que las hemos visto y no hemos sabido valorarlas?

Una manera de que te tomen en serio es hacer cosas serias. La historieta es un medio que llevaba muchísimos años ya funcionando pero hasta que llega Maus no toman en serio la obra. Lo único que hace Spiegelman es contar algo de una forma que hasta entonces nadie había hecho, pero hasta que la sociedad y los medios no reconocen Maus el cómic no es valorado.

Yo creo que poco a poco gracias a Spiegelman, Satrapi con Persépolis, o La ascensión del gran mal de David B…. de pronto hay obras que van configurando el mapa de la legitimidad como medio.

La sociedad se empieza a acercar… yo creo que está pasando. Paco Roca lleva años con la misma dirección: hacer obras que salen enseguida de ese gueto. Lo que hay que intentar es que no sea una excepción. Paco Roca, David Rubín, Max, Gallardo,… son pequeñas islas pero de pronto se puede formar un continente.

Necesitamos más autores y autoras que nos den proyectos serios. Ahora hay poca intención porque es realmente difícil vivir de este sector. Requiere mucho tiempo y en España tenemos el problema de que las tiradas son cortas… si vendes toda una tirada de 2.000 ejemplares no vives de eso. Hay muchos que hacen la primera pero si no consiguen un suelo que les permita hacer otra pues la maquinaria se para. Así que también necesitamos más consumidores.

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El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. SM. Santiago García y Javier Olivares

Hace poco estuvo Mattotti haciendo una masterclass en el Instituto de cultura de Italia, en Madrid, él comentaba que en Valvoline trabajó el color con una función puramente emocional… me hizo pensar que en tu caso es lo contrario, son las sombras las que nos hablan de tus personajes…

Sí, Mattotti usa el color de una forma sensorial, también narrativa pero sobre todo de una forma emotiva. Yo no… a mí me interesa su función narrativa. Él fundamenta su trabajo más en el color que en el dibujo y el color le da espacio y le da más valor. Yo trabajo en pocas tintas normalmente porque no me interesa ese uso del color. Me interesa más lo que pasa en la imagen. Sin embargo Mattotti es uno de mis maestros y me interesa mucho como dibujante, más que como historietista, él tiene una intención menos narrativa y más plástica. Y su cómic me parece que no explora el medio tanto pero para mí Mattotti es un grande.

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Prisioneros de Zenda, SM 2012. Fernando Marías y Javier Olivares

Yo conocí tu trabajo por tus trabajos con Media Vaca, mi preferido es Los niños tontos de Ana María Matute, donde precisamente hablando de esa oscuridad, nos muestras una infancia llena de sombras que se compagina de maravilla con los cuentos de Matute y que rompe con esa visión estandarizada y colorista de la infancia ¿fue una iniciativa tuya o cosa de Vicente?

Fue de Vicente. Él hacía unos pliegos muy bonitos que se llamaban las Medias Vacas, me llamó para decirme que iba a preparar una colección de libros para niños y que había pensado en que yo hiciera Los niños Tontos. Luego estuvimos dos años por problemas con los derechos… pero aún así él tenía clarísimo que ese libro era para mí, él siempre lo tiene clarísimo con cada libro que saca.

Vicente es una de esas personas que te decía antes. Es muy exigente pero se trabaja muy bien con él porque puede que te diga ese dibujo no sirve, pero te explica porqué y normalmente tiene razón. Y en ese sentido si alguien sabe más que yo y me convence que una idea no vale no tengo ningún problema. Para mí el libro es lo primero porque la ventaja de esto es que el libro sale ganando pero el mérito me lo llevo yo.

Una de las cosas que hizo Vicente conmigo es estar mucho tiempo quitándome los vicios del libro de texto, tuve que luchar mucho para encontrar mi registro infantil y cuando saqué los primeros bocetos resulta que a Vicente no le servían (risas) me dijo “no, no, esto es demasiado infantil”. Tuve que trabajar y encontrarme. Cada libro es diferente y me dice cosas distintas y procuro cambiar mi estilo según lo que me pide el libro. Y en Los niños Tontos el cambio fue radical hasta que encontré esa apariencia tan negra, y con tanta importancia de la luz.

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Los niños tontos, Media Vaca. Ana María Matute y Javier Olivares

 

Y de esa misma época otro proyecto también fascinante Cuentos de la estrella legumbre, un proyecto en el que trabajaste con otros autores, háblanos de ese proceso de colaboración.

Lo empecé porque eran cuentos que yo escribía en mi cuaderno para liberarme de mi trabajo en libro de texto. Eran cuentos muy cortos que planteaban un texto muy breve con una imagen, y muy rápidos, muy sueltos. Eran totalmente personales pero luego comencé a llamar a amigos para que me hicieran algunos textos, le pasé uno a Rubén, a Joaquín López Cruces, a Mauro, a Darío, más adelante hablé con Max… y a Santiago. En ese momento llamé a Vicente y se lo propuse. Y él entendió una cosa muy bien: al ser un proyecto tan improvisado donde las ilustraciones eran muy sencillas, el libro tenía que ser muy formal. Si la edición hubiera sido sencilla el libro habría quedado como una cosa informal pero al darle aquél empaque, la tapa dura, el lomo de tela,… editó una edición alucinante y así elevó el trabajo, lo “dignificó”.

Curiosamente lo acabé con 77 cuentos y, aunque sigo escribiendo ideas en mis cuaderno, es como si yo tuviera 77 cuentos y ya… como un rito, para mí los ritos al final tienen un significado real y nos reímos de ellos por que los tenemos muy vistos pero yo pienso que hablan directamente con el subconsciente y en mi caso lo publiqué y ya está.

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Cuentos de la Estrella Legumbre, Media Vaca. Javier Olivares

 

¿También queréis plantear la edición de proyectos de colaboración entre artistas en Espacio Hueco?

No sabemos, Espacio Hueco aún se está formando. Empezó con la idea de que cada uno hiciera un proyecto de crowdfounding y el resto le apoyara. Lo que pasa es que cuando nos juntamos lo que más nos apetecía era colaborar entre nosotros. Y de momento no está definido cómo lo vamos a hacer y la idea es que hagamos grupos, intervenciones con niños o gente… todavía está por ver qué y cómo lo vamos a hacer. Lo que sí está definido es lo que no queremos hacer.

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Y después de haber desarrollado prácticamente todos los géneros de la ilustración decides crear un mito como Joaquín Pertierra (risas)…

Dicho así suena fatal. La verdad es que cuando encuentras algo así no lo puedes soltar. No fue una idea mía, fue un encargo de SM al que yo tenía que poner imagen, pero tenía que trabajar en la sombra para crear un personaje que no existía… y a mí me encantan esas cosas.

Pertierra tiene un origen sólido, Fernando Marías tiene una novela para la historia de Joaquín Pertierra y gracias a ese proyecto yo comienzo a crear este personaje. En ese momento un encargo se transforma en una pasión personal. Porque ahora con Internet y las redes sociales que están muy fuertes cualquiera puede descubrir si es un personaje real. Por eso decidí abrir un blog, al abrir esa puerta me di cuenta de lo apasionante del proyecto. Lo primero porque me encanta hacer portadas de libros, además de libros que no he leído, porque en aquella época hay mucha ambigüedad ya que no se las podían leer todas. Y me he dado cuenta que me encanta trabajar de esa manera indefinida.

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También me interesaba mucho investigar a los autores de los años 40 y 50 porque en aquella época no firmaban o firmaban muy poco y eran muy anónimos y trabajaban mucho… en el fondo ellos son mi formación como ilustrador y para mí es una manera de homenajearles.

Una de las mejores cosas que he hecho ha sido hacer que trabajara mucho para fuera. La vida de Pertierra es muy dura, es un exiliado gráfico: vive aquí pero trabaja para fuera. Es un trabajo entre underground y extranjero. Entonces pasan cosas muy curiosas como que de pronto hay gente que se lo cree… hay un ilustrador americano que hace poco en una entrevista le citaba como una de sus fuentes (risas).

De pronto ya es real.

THE NIGTH OF THE HUNTER

¿Hay algo en Joaquín Pertierra que no hay en Javier Olivares?

Pues esa es una de las cosas interesantes del proyecto. Me he dado cuenta de cómo funciona el tema de los pseudónimos. Es como lo que he dicho de los mitos, que funcionan de forma inconsciente. Yo me di cuenta que de pronto me atrevía a hacer cosas que no hacía.

Con Pertierra, como he tenido que sacar material con él, ahora si quiero hacer alguna de esas cosas gráficamente la saco como Javier Olivares. De pronto me estoy influenciando a mí mismo.

Por eso digo que es un proyecto que tiene muchísimos niveles y no sólo de forma profesional, sino en lo personal. Yo soy un dibujante del siglo XXI, soy vintage pero no puedo ser un dibujante de los años 20 porque es imposible, nuestras cabezas no están diseñadas para algo así. Lo que ves a tu alrededor se cuela en tu trabajo, por eso aunque pueda intentar ser dibujante antiguo no lo consigo ya que hay cosas que me delatan como dibujante moderno. Me gusta forzar lo vintage en mi trabajo. La gráfica que más me ha influenciado es la de los 40, 50 o 60, que es la época que yo veía de pequeño. Y precisamente ese choque entre dibujante moderno y vintage produce de pronto cosas curiosas.

PORTADA BRUNETE pertierra

Siempre se ha dicho que el cine tiene una gran influencia en el cómic y viceversa. Ahora que parece haber un boom en la proliferación de series de gran calidad ¿hay algo de ese mundo que se haya colado en tu trabajo?

No de forma consciente.

De todas formas yo tengo una teoría sobre la influencia del cine en el cómic. Aunque sí es verdad que a partir de que el cine se convierte en medio más popular hacia los 40 o 50, y los dibujantes comienzan a tomar formas de dibujar y contar, el caso más evidente The Spirit, de Will Eisner, es el cine de los años 40. Yo creo que ahí se perdió la experimentación que tenían los que ya hacían historieta en ese momento: Herriman, Sterret, o McCay… trabajaban la página de forma más plástica y experimentaban más.

Pensamos que hay esa relación porque lo que pasa es que confundimos el story con el cine. Pero la manera en la que percibimos el cine y la forma en la que percibimos el cómic es totalmente diferente. El cine intenta convencerte de que lo que estás viendo es real mientras que la historieta, al ser dibujos, tú lo percibes de forma más abstracta.

Pienso cada vez más que la historieta y el teatro tienen más en común que con el cine. El teatro es simbólico, puedes percibir algo que no está ahí. Hay multitud de elementos que no están ahí pero tú rellenas a través de la narrativa y otros efectos. La historieta es igual. Hay un montón de líneas y espacios vacíos que tú rellenas y es un trabajo más del lector que del dibujante. La idea de que la historieta abigarrada, llena de detalles, y virtuosismo convence mejor al lector es falsa, lo que consigues es saturar la lectura.

El cómic y el teatro pueden trabajar con muy pocos recursos, de hecho en Las Meninas he trabajado con mucha documentación muy diseminada y filtrada, me he quedado con lo mínimo sin embargo ves el siglo de oro por la historia y si hubiera puesto más detalles estaría interrumpiendo la lectura. La guerra de Alan de Guibert es un gran ejemplo, no he visto un tebeo que me lleve más a la segunda guerra mundial que ese y la mayoría de las viñetas están vacías! no tienen fondo! lo pone al principio pero lo quita cuando ya no es necesario.

Y para terminar ¿qué está por venir de Javier Olivares?

Acabamos de hacer una historieta para una exposición que va a haber en Telefónica sobre la historieta en febrero. La Fundación Telefónica tiene una colección de arte bastante impresionante y nos han pedido a varios dibujantes escoger una y hacer una variación. Nosotros hemos llevado algunas historietas de las que hemos estado haciendo de arte y luego hemos hecho una historieta de un cuadro de Torres-García.

También acaba de salir La llamada de lo salvaje, de Nórdica. Y sigo trabajando en el libro de Pertierra.

RETRATO DE NEMO pertierra

Acabo de hacer un trabajo para de Graphic Classics, una colección de libros pequeños sobre obras, no sólo sobre el libro sino también sobre el cine que ha generado, artículos de lo que ha influenciado y una parte gráfica. Uno fue sobre Moby Dick, La isla del tesoro,… Ahora va a salir uno de Julio Verne, me encargaron las ilustraciones para un artículo de la época y a mí se me ocurrió que podían ser unas portadas de Pertierra, lo cobro yo pero lo hace Pertierra (risas).

Javier Olivares

El enigma de Pertierra

 

One Comment

  • Ana on feb 09, 2016 Responder

    Fabulosa entrevista. Apasionante trayectoria.

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