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Nueve reglas de oro para el ilustrador profesional

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1. Sé quién soy

Soy autor. Mi trabajo consiste en crear imágenes; es una labor totalmente personal y original, pero mi obra es pública y me compromete no sólo como artista, sino también como persona.

Es por ello que: Soy responsable de mi obra. Nunca acepto trabajos que vayan en contra de mis principios ni atenten contra los derechos de otros autores.

2. Me gano la vida

A partir del momento en que mi vocación es también mi profesión, tengo claro que: Soy un profesional que ofrezco mi trabajo a cambio de una retribución económica. Da lo mismo que a lo que cobro le llame anticipo, tanto alzado o porcentaje. Mi trabajo SIEMPRE debe ser remunerado. Sé que si alguien quiere publicar mis imágenes es para obtener algún beneficio con ello, NUNCA para hacerme un favor. Quiero que me elijan por mis características técnicas o artísticas, no por resultar cómodo o barato. La profesionalidad es un concepto que, junto con el de autor, tengo siempre presente, incluso antes de cerrar en firme un trato; por ello, mi cliente debe saber que una prueba es un encargo. Exige tiempo y trabajo, por lo tanto, la cobro.

3. Sé muy bien lo que cedo

Nadie puede explotar mi obra sin mi consentimiento. Quien compre mi original no podrá, por este mero hecho, publicarlo (Art. 56.1). A cambio de una retribución, puedo ceder la parte de mis derechos que la Ley denomina de explotación: la reproducción, distribución, comunicación pública y transformación (Art. 17 y siguientes), pero el soporte donde yo plasmo mi obra, los originales, bocetos, maquetas, etc., que he realizado, me pertenecen. Por lo tanto exijo la devolución de mis originales al acabar las tareas de reproducción (Art. 64.6).

4. También lo que no cedo

Como autor me corresponden legalmente una serie de derechos, algunos de ellos irrenunciables. Nadie puede atentar contra mi obra alterándola, modificándola o deformándola. Puedo ceder algunos de estos derechos, pero no podré renunciar nunca a la autoría de mi obra (Art. 14). Por tanto, exijo el reconocimiento de mi condición de autor y hago que mi nombre, junto con el ©, en su caso, aparezca en todos los ejemplares de mis obras.

5. El valor de mi obra es proporcional

En el momento de otorgar un valor económico a mi trabajo, sólo tengo una regla universal: A más difusión, más remuneración. No hay precios absolutos. El auténtico valor económico de mi obra es el número de veces que será reproducida y/o el alcance de su difusión. Lo que yo gano con mi obra debe ser proporcional al beneficio económico que obtenga la empresa que la explote (Art. 47). En los trabajos de edición y en los que necesiten un período de tiempo largo para su realización, cobro del editor una cantidad por el encargo, como anticipo a cuenta de mis derechos.

6. Controlo su explotación

El contrato es el medio legal para regular la explotación de mi obra. Procuro siempre no iniciar un trabajo sin antes haber suscrito un contrato o documento similar. Un contrato es un acuerdo entre dos partes y su firma ha de ser voluntaria: por ello, solicito siempre una copia y me tomo el tiempo necesario para analizarlo e introducir los cambios que sean precisos antes de aprobarlo, y pido a mi asociación cuantos consejos o aclaraciones creo oportunos. Cuando trabajo en campos donde no es habitual el uso de contratos, utilizo otros medios para controlar la cesión: presupuestos, orden de pedido, facturas, etc., en los que hago constar todos los datos relativos a la misma: tipo de trabajo, alcance de la publicación, tiempo de vigencia del encargo, aplicación y destino final de la obra… etc.

7. Diferencio los contratos

Cuando mi trabajo va a ser publicado en dos o más modalidades de edición (por ejemplo cómic y dibujos animados), nunca las contrato todas en el mismo documento, sino que suscribo un contrato distinto para cada modalidad de explotación (Art 57.2). Rechazo cláusulas del tipo “… y en cualquier otro medio de reproducción o difusión“, cuando ya hay un método pactado. A cambio puedo ofrecer al cliente, editor o productor una cláusula donde se disponga a su favor un derecho de preferente adquisición. Sé que cláusulas que comprometan la explotación de mi obra por sistemas no inventados o desconocidos en el momento de la contratación, son contrarias a la Ley (Art. 43.5).

8. Conozco las leyes

Estoy informado de las leyes que regulan y protegen los derechos de autor, y de las directrices específicas de cada sector, como la Ley de Publicidad, así como de las normativas europeas e internacionales que pueden regir incluso en países que no disponen de Ley propia. Evito de este modo infringir la Ley sin saberlo, así como que otros vulneren mis derechos.

9. Estoy asociado

Pongo todos los medios para que mi relación laboral sea lo más fluida posible. Contacto con otros profesionales del sector y con mi Asociación para informarme de los contratos-tipo, precios y condiciones del mercado. Si alguna vez se vulneran mis derechos no me lamento: reivindico. Es mi derecho y es mi deber. Reclamar lo que es justo no equivale a perder el trabajo; equivale a no perder la dignidad.

4 Comments

  • Miguel Can on jun 16, 2015 Responder

    Cualquier acuerdo establecido entre dos partes (autor-cliente) es un pacto y ambas partes deberían cumplirlo. Un pacto verbal también es un acuerdo. Se puede conformar en un contrato escrito (esto es siempre lo mejor) o por medio de otros documentos (factura, orden de pedido, presupuesto…). La importancia de un documento escrito en el que estipulamos tipos de cesión y tiempo, condiciones, retribución, etc. en el que ambas partes están deacuerdo y lo firman significa una prueba en el tiempo en el que luego no caben “dimes” y “diretes”. La Ley reconoce lo expuesto anteriormente y en caso de conflicto-pleito escucha la exposición de lo pactado por ambas partes. Si hay una prueba escrita contractual todo va a estar siempre más claro. Una cosa es la teoría legal, otra la práctica de las partes. Nadie dice que sea fácil aplicar la ley ante el incumplimiento de un contrato. Desgraciadamente, en el caso de un impago, abuso en el uso de las imágenes cedidas, etc. que sufrimos los ilustradores/as, la parte débil somos nosotros/as. No siendo empresa, siempre nos va a costar más ejercer presión sobre el cliente para que se cumpla el contrato. El punto 6 de las normas de oro hace alusión a la idea de dejar los encargos y pacto lo mejor atados posibles. Otra herramienta que tenemos si no queremos arriesgar trabajo con clientes nuevos es intentar cobrar por anticipado el trabajo, o una parte de lo estipulado. Cerciorarnos de que el intercambio de imágenes-contraprestación económica se da lo más cercana en el tiempo. Hay formas de asegurar un buen trabajo. Un cliente también tiene formas de comprobar que su encargo se va realizando conforme a lo pactado antes de la fecha de entrega final.
    Prudencia y buen protocolo ante todo (y también suerte).

  • Louis on jun 16, 2015 Responder

    Tengo una duda sobre lo que comentas en el punto 6, sobre que a veces no es habitual el uso de contratos y lo importante es dejarlo escrito: “presupuestos, orden de pedido, facturas, etc., tipo de trabajo, alcance de la publicación, tiempo de vigencia del encargo, aplicación y destino final de la obra”, pero al hacerlo de esta forma, escriturando todo en la cotización formal ¿sirve de algo?, ya que si no te quieren pagar el total, o la otra parte, sin un contrato es imposible cobrarlo ¿o si se puede?, de verdad no me queda claro, porque siempre se habla de la importancia del contrato.

  • Juan Marcos Herrera Abad on may 14, 2015 Responder

    Muchas gracias por la información. Saludos.

  • Laura Fletcher Briñez on mar 10, 2015 Responder

    Excelente, y en este momento me es muy valioso. Gracias!!


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