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El sexismo en la ilustración #nopintanada

Para ser mujer no lo haces mal”, le decían a Purita Campos cuando ya vendía tiradas de 400.000 ejemplares. “Encima es una aprendiz”, comentaron en las redes el otro día sobre una ilustradora que lleva más de veinte años en la profesión.

Tendemos a pensar que el machismo es cosa de pasado, pero desgraciadamente, esto está lejos de ser verdad. Como el fruto de nuestro trabajo es muy visible, muchas veces olvidamos que detrás de cada ilustración hay una persona con luchas invisibilizadas. Por ello, con este artículo queremos arrojar algo de luz sobre el sexismo diario al que nos enfrentamos las ilustradoras/animadoras en nuestro camino profesional.

Aunque las profesionales de nuestro sector sufren la brecha salarial y la imposibilidad de conciliar, nos queremos centrar en tres líneas de sexismo muy presente en la profesión: acoso sexual, acoso laboral y ciberacoso. Para ello, hemos reunido numerosos testimonios de compañeras y también hemos consultado a la abogada de la APIM.

#MeToo – acoso sexual en el trabajo

En los últimos años hemos visto cómo cada vez más mujeres se atrevían a denunciar situaciones de acoso sexual que habían vivido con hombres poderosos. Y no sólo pasa en Hollywood; hemos hablado con algunas compañeras de la APIM y se repite la misma historia: mujer que empieza su carrera se ve acosada por un hombre que está en una posición de poder. Directores de arte que te “revisan” el portfolio en una feria de animación como pretexto para estar contigo a solas y tratar de “seducirte”. Jefes o compañeros que te sacan 20, 30 años de edad y no te dejan en paz con sus bromitas sexuales y comentarios inapropiados… o hasta sacándote fotos no consentidas –“Lo que más me dolió es que siempre había compañeros presentes pero nunca dijeron nada. Le quitaban importancia”, nos cuenta una de ellas. Otra ilustradora se armó de valor para contar lo que le había pasado en su primer trabajo en una empresa pequeña: “Un compañero que ya llevaba bastante tiempo trabajando allí (…) se dedicaba a acosar a todas las chicas que entrábamos nuevas: mensajes a todas horas, tocamientos inapropiados, emails, insistirnos, perseguirnos (…) éramos jóvenes, no sabíamos cómo actuar, tampoco contábamos con el apoyo de los jefes porque estaban del lado del chico. Nunca nos sentimos apoyadas por nadie y no nos atrevimos a contarlo por miedo a que no nos creyeran, a los comentarios, a quedarnos sin trabajo…”. Según ella, el acosador sigue trabajando en la misma empresa. Otro testimonio: “Tu novio te lo tiene que hacer muy bien, vienes muy contenta”, “¿Te has operado los labios?” “Se me va la vista a tus piernas”, “Me ENCANTA verte trabajar”… Todo esto sumado a que trabajaba en su despacho y estaba con él media jornada todos los días, mesa con mesa. Cuando reuní fuerzas para empezar a mostrarle verbalmente mi malestar, cambió de acoso sexual a mobing, aprovechando cada momento para ridiculizar mi trabajo y a mí a nivel personal, hasta el punto de hacerme llorar y provocarme ataques de ansiedad.” Otro: “Aparte de aguantar comentarios repugnantes en general hacia las mujeres (conocidas y desconocidas) de compañeros de estudio (animación), y tacharme de exagerada o amargada por ello, uno en concreto, el empleador, es incapaz de sostenerme la mirada sin que se vaya al pecho. Hablando de trabajo, en el estudio. Me he sentido muy vulnerable.”

Además del acoso sexual, muchas compañeras nos contaron experiencias de acoso laboral. Un amiente de constante mansplaining, obstaculización en la promoción, paternalismo, comentarios despreciativos («es que por biologia los hombres nos concentramos en una sola tarea y las mujeres en varias» como argumento para apartarte de un proyecto) y un largo etcétera. Basta sacar el tema para que similares testimonios salgan “como churros”. En numerosas ocasiones, este tipo de acoso es difícil de probar y pocas se atreven a recorrer el complicado camino de la denuncia.

“Me gustan tus bocetos, pero mándame una foto tuya”- acoso en redes

Podríamos pensar que las situaciones descritas se dan más en espacios físicos como oficinas, pero el que quiere acosar encontrará el medio para hacerlo. Internet es un arma de doble filo: por un lado, ha permitido que las ilustradoras tengamos una visibilidad sin precedentes de nuestros trabajos, la posibilidad de autogestionar las ventas de nuestros productos y de tener un escaparate profesional muy útil; pero esta visibilidad también nos hace vulnerables. Los posibles clientes nos contactan directamente, y no siempre tienen intenciones profesionales: varias compañeras denuncian la insistencia en quedar en persona (cuando ellas han dejado claro que los temas profesionales los tratan vía email), las peticiones de posar desnudos para ellas (incluso las que son ilustradoras infantiles…), solicitudes de fotos y, casos extremos, acosadores que averiguan tu dirección y se presentan en tu casa.

En 2020, varias ilustradoras denunciaron públicamente el acoso al que estaban sometidas por un “admirador”. Paula Bonet lleva ya más de un año en esta situación: “golpes en la puerta de mi taller (…) anguilas cortadas en trocitos con la bromita “el violador” escrita en el sobre, decenas de mails, asistencia a mis charlas sentado en primera fila (…..), declaraciones de amor, deseos de muerte y un largo etcétera”. Por su parte, Alba Cantalapiedra denunciaba a “un tipo que ha recorrido 400 km en pleno estado de pandemia y se ha presentado en mi casa” después de que ella le bloqueara de sus redes tras meses de acoso.

Desde la APIM queremos recalcar que para nosotras, nuestras cuentas en redes son profesionales y no podemos hacerlas privadas. Las usamos para mostrar nuestro trabajo y tenemos derecho a sentirnos seguras cuando lo hacemos.

Feminazis y feas

Es especialmente grave el acoso que sufren las compañeras que usan sus ilustraciones para denunciar distintas discriminaciones. Casi cualquier publicación de carácter feminista/LGTBIQ+ es susceptible de ser blanco de insultos, amenazas y comentarios sobre el físico de la autora. “Como trabajo en temas relacionados con incidencia y feminismo, cuando mi trabajo ha estado vinculado a periodistas reconocidas, he recibido comentarios amenazantes en redes(…) comentarios sexistas e insultos.” , cuenta una compañera de la APIM. Aparte de los trolls que nos insultan en los comentarios o por privado, hay otros (muchos) individuos que se aprovechan del mal funcionamiento de las normas de estas redes y se dedican a denunciar las publicaciones o los perfiles hasta que los cierran. Muchas compañeras y colectivos activistas han sido víctimas de este tipo de ataques organizados y se han visto solas frente a la maquinaria de Instagram o Facebook.

Juntas en la lucha

Si te has sentido identificada con alguno de estos testimonios, o si actualmente sufres algún tipo de acoso por ser mujer, no estás sola. Háblalo con tu amiga feminista de cabecera, busca ayuda profesional (hay miles de recursos gratuitos desde asistencia legal a apoyo psicológico gratuito y especializado) y, si te sientes arropada y con fuerzas, denuncia. Existen muchos recursos en nuestras leyes que nos protegen en casos de acoso sexual o laboral y distintas organizaciones (observatorios, asociaciones profesionales como la APIM, etc.) que te pueden informar acerca de ellos.

En este enlace puedes consultar toda la información legal que nos ha proporcionado nuestra abogada. Y si eres testigo/a de un caso de acoso en tu empresa, es tu deber denunciarlo y darle todo el apoyo a la compañera que lo sufre, ya que ella circunstancialmente, puede no tener la fortaleza para alzar la voz.

La APIM lleva más de 35 años trabajando para mejorar la profesión de la ilustración y animación a través de sus distintos grupos de trabajo, asesorías y jornadas. Este año estamos orgullosas de anunciar la creación de un grupo de trabajo feminista para abordar las problemáticas a las que nos enfrentamos específicamente las ilustradoras mujeres y/o del colectivo LGTBIQ+. Queremos dar soporte y apoyo a las compañeras que se enfrentan a este tipo de situaciones, así como visibilizar nuestras creaciones y nuestras luchas. Juntas somos más fuertes.

Asóciate. Participa. Lucha.

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