apim@apimadrid.net
|   Conectar

Blog

Estudios Moro, la exposición.

«EL ANUNCIO DE LA MODERNIDAD. Los míticos Estudios Moro (1955-1970)»

Fotode la exposición

En la antigua fábrica de cervezas El Aguila, en Madrid, se presenta una exposición sobre los Estudios Moro hasta el 6 de Mayo del 2012. Aunque un poco pequeña en extensión, pero muy completa en su contenido, que nos muestra la importancia de los hermanos José Luis y Santiago Moro en la publicidad, principalmente, y la industria del entretenimiento en nuestro país marcando la historia del desarrollo comercial de nuestro país.
En el catálogo de la exposición Lluis Fernández, comisario de la exposición, nos cuenta que ya durante la Guerra Civil, cuando solo tenían 10 y 11 años, montaron un negocio de recortables de soldaditos. José Luis los dibujaba y Santiago los recortaba y pegaba. Con el tiempo alcanzaron tanto éxito que llegaron a contratar adultos para poder hacer frente a todos los pedidos.

Pero sin duda sus inicios como publicitarios y realizadores de dibujos animados se mueven entre la leyenda y la realidad ya que sus trabajos consiguieron una respuesta, en el público, que incluso hoy son increíbles. Bajo la mano de José Luis Moro se reunió un equipo excepcional de animadores: Pablo Núñez, Francisco Macián, Paul Casalini, Bob Balser y Marcel Breuil. 
Éstos grandes dibujantes hicieron que los Estudios Moro ganaron cinco años consecutivos tres Palmas de Oro de Cannes y dos copas en Venecia, además de cien premios internacionales de publicidad. Llegando a formar los estudios, durante los años 1960, una plantilla de unos trescientos profesionales fijos que realizaban cientos de anuncios mensuales para cine y televisión.

“Santiago era la cabeza pensante y yo la mano que daba vida al lápiz” aseguraba Jose Luis. Mientras que Santiago ejercía de creativo y productor con ideas tan originales en su dia como comprar una cámara de segunda mano que adquirió en el Rastro, a la que adaptó un relé de Telefónica y el motor de un ventilador, y les permitió realizar su primera película, rodada en 1948. O reciclar radiografías usadas que compraba a las monjas de un hospital, y tras quitárlas la capa de material fotográfico, metiéndolas en la bañera de su casa con una solución de sosa cáustica, así obtenía los acetatos necesarios que eran imposibles de conseguir, en España, en aquellas épocas.

José Luis se encargaba de los dibujos. Siempre fue un excelente dibujante que llegó a ser tentado por Walt Disney para irse a Hollywood como animador, pero la mili le obligó a quedarse en nuestro país. Empezó dibujando tebeos, en los años 1940, y sus chicas, estilizadas y espectaculares, se hicieron famosas en las revistas femeninas Mis Chicas y Chicas principalmente. Nunca sabremos que podría haber dado de sí en los estudios Disney pero en España, ya en sus estudios inaugurados en 1955 junto a Movirecord S.A., hizo de todo: publicidad gráfica, tebeos y, por supuesto, dibujos animados. Sus spots de Profidén, el zapateado de las botellas de Tío Pepe, los discos-sorpresa, con el famoso don Pedrito y su jingle «Está como nunca el sabor que mejor sabe: ¡Fundador!», y la promoción de Quina Santa Catalina y su Quinito: “¡Y da unas ganas de comerrrrr!”, el striptease de la Gallina Blanca de Avecrem, que nadie entiende como supero a la censura, las vaquitas rumberas de Starlux, la muñeca Blanquita de la campaña de Ése lava más limpio, mascota pionera de los comerciales de detergentes, se hicieron tan famosos que todavía hoy son recordados. Pero su fama saltaría a nivel popular con La familia Telerín y su mítico “Vamos a la cama”, el cual es reconocido como uno de los mayores hitos de la televisión española, e incluso estos personajes saltarían a la gran pantalla de la mano de Francisco Macián, en 1966, con la película El Mago de los sueños.  Suyas fueron también las mascotas La Ruperta, La Botilde, El Chollo y El Antichollo para el programa  televisivo Un, dos, tres.
 De todo ello es posible ver muestras en la exposición, ya que el recorrido es francamente completo.
Finalmente en 1969 Estudios Moro tuvo un fin muy propio asociado a la idea de hacer negocio de los empresarios de este pais, nos referimos al “pelotazo español». Una segunda empresa compró Movirecord y Estudios Moro no para continuar con la producción floreciente que esta empresa estaba dando sino para poder vender el edificio y el material, que había en ella, y así sufragar las pérdidas de otras empresas del grupo. Esta estupidez empresarial, tan común en nuestro país, terminó con la Edad de Oro de la Animación Madrileña.
Dos meses después los Hermanos Moro abrirían unos nuevos estudios de animación, pero ya nunca fue lo mismo.

Sr. Avizor

Dejar Comentario


nueve − = 1